Entrevista a Roice 183/Javier Pereza
Empezaste a pintar con apenas once años. ¿Recuerdas qué sentiste la primera vez que pintaste algo sabiendo que iba a quedarse expuesto en la calle?
Recuerdo perfectamente la mezcla de nervios y adrenalina de esos primeros momentos a mediados de los 90 en Elche. Era un chaval de 11 años dando sus primeros pasos en el colegio. Era esa sensación de dejar tu huella (getting up), de formar parte de algo.
Llevas alrededor de treinta años vinculado al graffiti. ¿Qué queda hoy en tu pintura de aquel Roice adolescente que empezó a pintar en Elche?
Queda prácticamente todo lo esencial: la misma pasión, las ganas de experimentar y la ilusión de lo desconocido, de que todo es nuevo.
Has pasado miles de horas pintando muros y espacios públicos, pero también trabajas sobre lienzo, papel y otros soportes. ¿Qué cambia en tu cabeza cuando entras al estudio y tienes una obra delante que no va a desaparecer al día siguiente?
El ritmo y la concentración cambian por completo. En la calle juegas con la inmediatez, el entorno y el carácter efímero del graffiti; sabes que es algo vivo que puede durar años o desaparecer al día siguiente. En el estudio el juego muchas veces me lo invento e impongo yo mismo.
En la calle trabajas sobre superficies que ya tienen una historia: manchas, grietas, capas de pintura, carteles, suciedad, intervenciones anteriores… ¿Hasta qué punto esa forma de mirar la pared ha condicionado tu manera de construir una pintura?
La condiciona totalmente. El graffiti me enseñó a mirar la calle y despertó el interés por otras practicas visuales. Esa mirada inconscientemente la utilizo para construir mi propia obra.
En tus obras aparecen capas, gestos, fragmentos, formas abstractas y elementos que parecen emerger y desaparecer. ¿Sueles partir de una imagen o una idea concreta, o la obra se va descubriendo durante el proceso?
Suele ser un proceso de descubrimiento continuo. Me nutro de vivencias, comentarios de mis hijas, memes en grupos de whatsapp y a veces parto de una idea de composición de alguna foto encontrada en redes o de mi propio archivo personal, mi regla principal es dejarme llevar. El error me permite encontrar nuevos caminos para dar el siguiente paso. La obra se va construyendo sola capa a capa.
En tu trabajo hay una sensación constante de superposición y de tiempo acumulado. ¿Te interesa conscientemente la idea de huella?
Sí, es algo que me atrae, supongo que es herencia de mi practica en el graffiti. Y la idea de construir con los recursos que uno tiene, como cuando construyes un refugio o una cabaña.
Has dicho alguna vez que no puedes imaginar tu vida sin el graffiti. ¿Sigue siendo para ti una necesidad distinta de la necesidad de pintar en el estudio?
Totalmente. Salir a pintar a la calle sigue siendo vital para mí; no lo veo como una obligación, sino como una desconexión y una necesidad casi terapéutica. El estudio es reflexión, investigación y un trabajo más pausado.
Tu trayectoria nace completamente fuera del circuito tradicional del arte contemporáneo y, con el tiempo, tu obra ha entrado en galerías, ferias y espacios institucionales. ¿Cómo has vivido ese tránsito? ¿Has sentido alguna vez que el mundo del arte intentaba clasificarte demasiado rápido como “artista urbano”?
Lo he vivido con mucha naturalidad. Mi raíz es el graffiti y de ahí vengo. Mi pintura es otra cosa muy alejada a nivel formal del graffiti. La palabra “urbano” es una etiqueta donde cabe todo, no me gusta personalmente, pero supongo que la gente necesita clasificar las cosas para acotarlas.
Has pintado y viajado por Europa, Asia y Estados Unidos. ¿Qué importancia tiene el viaje en tu manera de entender la pintura? ¿Hay lugares que hayan cambiado especialmente tu forma de mirar?
Viajar ha sido una de las mayores satisfacciones que me ha dado esta cultura. Te abre la mente, te conecta con gente fantástica y te hace ver cómo se vive y se entiende el arte en otros rincones. Cada lugar al que vas y cada persona con la que compartes pintura deja algo en tu forma de mirar.
¿Qué buscas ahora cuando entras al estudio que no buscabas hace diez años?
Busco emocionarme como cuando empecé a pintar con 11 años en la calle (flipármelo) , con más calma, equivocándome y disfrutando del proceso.
Para terminar: un libro, un disco y una peli
Un libro: Subway Art (de Martha Cooper y Henry Chalfant), el libro que cambió mi forma de ver el graffiti de niño,
Un disco: Caustica. Persa, adventures at the record store o cualquier trabajo de esta peña lo he quemado bastante en el taller últimamente.
Una peli: Style Wars, fundamental para entender de dónde viene toda esta cultura.