Alejandro Pastor (Alicante, 1980)
desarrolla una pintura donde lo narrativo y lo simbólico conviven en tensión constante.
Sus escenas, abiertas y fragmentarias, funcionan como espacios de interpretación: imágenes que no se cierran, sino que invitan al espectador a construir sus propias conexiones.
Habitadas por figuras que oscilan entre lo individual y lo colectivo, sus composiciones atraviesan referencias populares, rituales contemporáneos y estructuras de pertenencia.
En su obra aparece de forma recurrente una pregunta esencial: la necesidad humana de formar parte de algo.
Pertenecer. Querer entrar. Permanecer. O incluso descubrir que aquello a lo que pertenecíamos ya no nos representa.
La pintura de Alejandro construye así una suerte de mitologías contemporáneas, donde el ritual, la identidad y el deseo de comunidad se transforman en imagen.